Esta semana, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, enfrentó crecientes críticas por sus planes de centralizar el control del enorme presupuesto del bloque bajo su oficina directa.
La reestructuración propuesta reformaría los departamentos que manejan fondos regionales y de desarrollo, trasladando la supervisión a un círculo más estrecho dentro del edificio Berlaymont. Los críticos, incluidos excomisionarios, sostienen que esta "operación presidencial" sofoca el debate democrático e ignora las necesidades específicas de cada Estado miembro. Los partidarios afirman que una estructura más unificada es esencial para que la UE actúe con decisión durante los cambios económicos mundiales y las crisis de seguridad.
Se espera que los líderes de la UE se enfrenten por estos cambios de gobernanza durante la próxima ronda de negociaciones presupuestarias plurianuales.
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